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dimarts, 25 d’octubre del 2011

Crónica: Zombie Walk de Sitges - Viernes 14 de Ocrubre


La tarde de los zombies

(Viene del día anterior)

Detrás del sidecar, sujetando orgullosa una de las pancartas, Sasha avanzaba solemnemente. Era una muñeca despechada, "despreciada por las niñas", llevando con ella a Teddy, su ensangrentado oso de peluche. Un arañazo marcaba la mejilla de su blanquecina tez y unas considerables ojeras surcaban medio rostro. Se lo habían hecho ahí, en el festival, y había tenido que despertarse a las seis de la mañana: venía de Lloret. 



Algunos infiltrados invadían el espacio reservado a los zombies, estropeando las fotos de por donde iban pasando. Los más respetuosos andaban dificultosamente a gachas. Resultaban incluso más curiosos que los disfrazados más puristas, como Raquel, que avanzaba arrastrando los pies con la mirada perdida. Maquillada en el festival, mostraba orgullosa su piel de muerta. "Han sido muy amables; además, me lo han hecho muy bien". Otros, como Álvaro y Sara, se maquillaron ellos mismos, en su casa. "Hace falta ser más de uno, si no, es demasiado complicado". Con menos recursos, algunos eran verdaderas odas a la imaginación. Manu, junto a su pareja, atravesados por una mazorca, se proclamaban oficialmente como los primeros zombies vegetarianos: "Comemos cerebros de tofu". Un moderno no muerto cargaba una aparatosa radio, de la que emanaba música electrónica. "¡Es el tecktonik zombie!", exclamaron unas jóvenes al verlo.

El último tramo de la cabalgata estaba cubierto por un cementerio de cartón. En las artificiales tumbas se leía, como no, Jack Daniel's. El caos era tal que, entre los clientes de los bares, en la calle donde tenía lugar, los zombies y los espectadores ya no se distinguía quién era quién. Y así, la cabalgata vertió su contenido alrededor de un escenario al borde de la playa, donde todos bailaban al son de más heavy metal. Era el momento: los que habían observado durante el desfile podrían al fin hacerse una foto con aquel que más les hubiese impactado. Curiosamente, el deejay no era zombie. 



dilluns, 24 d’octubre del 2011

Crónica: Zombie Walk de Sitges - Viernes 14 de Ocrubre


 La tarde de los muertos vivientes

El ojo de Juan colgaba de la cuenca. Como él, cientos de personas se disfrazaron de zombis y salieron a las calles de Sitges a pasear. Esperaban que fuesen las 20h30, hora en la que se habían citado todos delante del Brigadoon, para desfilar: era el Zombie Walk del festival de cine de terror. Una inmensa aglomeración de vivos y muertos se iba acumulando ahí, discutiendo sin ningún tipo de discriminación. Estampada en los estandartes de cartón que llevarían los cabecillas del desfile, la marca de Jack Daniel's era omnipresente. Unos altavoces dictaban qué hacer en caso de un ataque zombie al ritmo de heavy metal. Una lengua de fuego se retorcía alrededor de un libro que un predicador no muerto sujetaba con sus guantes.

"Esto parece el infierno", le comentó María a su madre, Marisa. Ésta no la escuchaba; quería enseñarle a su hija las proezas de su disfraz y, de repente, de su boca empezó a brotar sangre falsa.  La cabalgata empezó. 


Los espectadores marcaban el itinerario agolpándose alrededor. A la  cabeza, dos motos de la Guardia Urbana enfriaban los ánimos de los más exaltados. Detrás, un sidecar patrocinado por la eterna Jack Daniel's, conducido por una pareja de zombies recién casados. "Estoy aquí porque soy el hijo muerto del jefe... ¡alguna ventaja tiene que tener!"




Al rato, cuando la extraña cabalgata hubo avanzado bastante, se oyeron gritos. Se trataba de una sobreactuada escena en la que un zombie se retorcía de dolor. Otra estaba a su lado, a caballo entre el pánico y la hilaridad. Gente en círculo observaba a su alrededor, la mayoría sonrientes; los más ingenuos, en cambio, se preocupaban: "es que he oído esos chillidos y me he temido lo peor", explicaba Teresa.



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